
Hay una fecha que para muchos chilenos es preferible olvidar o sacarle partido, me refiero al 11 de Septiembre de 1973, han pasado 35 años y aún hay aspectos en que los chilenos estamos separados en nuestras visiones y sensaciones respecto de esa fecha gloriosa para algunos y dolorosa para los otros. Los políticos de la Alianza prefieren pasar piola y los de la Concertación salen a las calles con las caras largas tratando de simular dolor, que pesadilla más grande.
Quienes participamos activamente como soldados en ese día haremos un recuerdo al esfuerzo de nuestros compañeros por esquivar las balas desde las ventanas de los edificios públicos en Santiago, era nuestra primera experiencia de una guerra urbana feroz, nos disparaban de todos lados y no sabíamos quien, nuestros comandantes en ese entonces de alrededor de 25 años de edad nos guiaban y cuidaban para que nada nos sucediera, algunos de los nuestros cayeron en el fragor del combate y varios de los que nos disparaban también, escuchamos el sobrevuelo de unos aviones sobre nuestras cabezas y nos ordenan cubrirnos, a la segunda pasada escuchamos unas fuertes detonaciones y una gran onda de calor, la Moneda era bombardeada. Seguían los balazos por doquier, los periodistas se nos cruzaban por el frente y no podíamos responder el fuego con precisión, nos ordenan ingresar a los edificios de donde nos disparaban y empiezan a disminuir los balazos en contra nuestra, los funcionarios que estaban al interior de las oficinas nos miraban con pavor, pero nosotros les tranquilizábamos y les preguntábamos por los francotiradores, por lo menos a mi patrulla no le tocó detener a ninguno y eso que desde ese edificio nos habían disparado y encontramos armas y munición utilizada, supusimos y creímos de buena fe que se habían escapado por las azoteas.
Pasado un rato autorizan salir a los civiles de las oficinas y se les protege para que se vayan a sus domicilios, mi patrulla se quedó en el interior y de repente escuchamos ruidos en un closet, a lo comandos tomamos posición y de una patada echamos abajo la puerta y sale gritando un gato que estaba en su interior, nunca habíamos pasado mas susto ese día, ya que nos imaginamos que era algún terrorista escondido, recién a las once y media de la noche nos ordenan bajar al primer piso y nos dan una colación, un pan negro con chancho chino (el último de mi vida) y un café, de ahí organizar los turnos de guardia hasta el otro día, ese fue mi once de septiembre, mi primer día de combate que nunca olvidaré.
Me imagino que al frente mío tenía a otros chilenos que por su gobierno y sus ideales daban la lucha igual que nosotros, con la gran diferencia que nosotros actuábamos porque estábamos preparados para combatir bajo el mando de nuestros superiores y ellos por sus ideales y sus autoridades destituidas, ambos fuimos capaces de empuñar nuestras armas para enfrentarnos y dar la pelea por lo nuestro, a diferencia de otros que se escondieron en sus casas para esperar los resultados favorables y otros en embajadas para arrancar, dejando a una pléyade de compatriotas luchando y ofrendando su vida por sus intereses económicos y de poder.
Quienes se enfrentaron como uniformados obedientes y disciplinados ahora son desconocidos por aquellos que se beneficiaron y multiplicaron sus capitales con su acción y a quienes se enfrentaron como reacción a los militares muchos de ellos muertos en acción, a sus familiares en su mayoría se les ha compensado por el dolor de su muerte y desaparición a veces forzosa, ¿Pero qué pasa con aquellos que se escondieron esperando las consecuencias favorables a sus intereses y con aquellos que se fueron inmediatamente a alguna embajada?, ahora son grandes empresarios, políticos de renombre, ministros, embajadores, etc.
Mientras quienes sobrevivimos aquella épica acción somos por poco tiñosos y rechazados por los que gozan hoy de los privilegios de nuestro esfuerzo y temeraria acción. Mis felicitaciones y reconocimiento a los combatientes de ambos bandos, ¡Honor y Gloria a ellos! Ya que fueron, son y serán los valientes y héroes de aquella jornada, no nos avergoncemos de nuestra acción ya que no pasamos por la historia, sino, fuimos parte de ella.
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